Los Humala, familia de Curacas-Octubre 2000

Por Iris Jave

Antauro y Ollanta Humala Tasso, pasarán a la historia del Perú por haber liderado una sublevación militar en protesta contra el autoritarismo y la corrupción que ha marcado el Ejército y el Gobierno peruano durante los últimos años.
El teniente coronel Ollanta y su hermano, mayor retirado, Antauro emprendieron lo que algunos han calificado de romántica aventura y, aunque hasta ahora se desconoce su paradero con exactitud, tanto en Lima como en Tacna, se vienen organizando grupos de reservistas para “darles el alcance” y apoyarlos en su lucha.

Pero, ¿cómo se les ocurrió a este par de hermanos iniciar una gesta contra el poderoso Ejército peruano y su Servicio de Inteligencia? ¿De qué manera se prepararon para lograr este objetivo?. Diversas explicaciones sobre estrategias y el momento político se han dado estos días, quizá las razones hay que buscarlas en el origen de su familia, en sus padres, en la crianza que tuvieron junto a sus cinco hermanos.

El padre de ambos, Isaac Humala, descendiente de una familia de curacas, dejó las tierras de su natal Oyolo (Ayacucho) para ir a cumplir una tradición familiar: estudiar en el colegio San Carlos del Cusco, como lo había hecho antes su padre y su abuelo. En realidad, cumplía una antigua tradición incaica: el hijo mayor debía estudiar en el Yachayhuasi, Isaac lo hizo en el colegio San Carlos. La escuela era solo para los curacas y efectivamente los Humala descienden de una familia noble. “Tenemos orgullo inca, mis ancestros fueron curacas y, eso lo mantenemos y se lo hemos inculcado a nuestros hijos: la valentía, la honestidad, la defensa de la verdad, son valores incas”, afirma don Isaac. Abogado de profesión, sustentó su tesis de licenciatura en el Antiguo Testamento, pero el se confiesa agnóstico. En la universidad compartió las ideas socialistas, Mario Vargas Llosa lo menciona en su libro “Como pez en el agua”. “No milité en un partido por mi propia esencia: un curaca no puede obedecer, tiene que mandar, por tanto no podía ser militante de un partido, tendría que haber fundado uno para dirigirlo. Nunca he trabajado como empleado, siempre he sido mi propio jefe, como asesor de empresas recomiendo lo que debe hacerse, pero no recibo órdenes”. Pudo mantener a sus siete hijos con bastante holgura gracias al boom de la construcción en el Perú en la década del 80 que lo convirtió en el abogado preferido de las más importantes empresas de construcción.

La familia Humala es de origen serrano, vivían en un fundo de Coracora que fue expropiado durante el gobierno militar de Velasco: “Nos hemos educado con lo que ha producido el fundo, todos somos profesionales. Con la expropiación no nos resentimos, si los campesinos se lo merecen, y lo necesitan, que lo tengan ellos”, opina Elena Tasso, la madre de los hermanos Humala. Educadora y abogada, decidió dedicarse a la crianza de sus hijos y aplicar sus dotes pedagógicas con ellos.

Sus siete hijos recibieron una formación exquisita. De niños les inculcaron la lectura de una manera voraz, durante los desayunos familiares, cada hijo debía exponer la lectura de un clásico universal o peruano y luego se discutía con los demás hermanos, cada uno podía dar su interpretación de la lectura. La Iliada, la Odisea fueron las historias de aventuras con las que crecieron los hermanos Humala. Dostoiesky o Jack London, reemplazaron a Alicia en el País de las Maravillas y Peter Pan en este universo infantil. “Así les cultivamos principios de amor a la patria, honradez, justicia, y una rigurosidad académica y filosófica. Siempre les he inculcado a mis hijos de ser mejores, han sido los primeros en su especialidad”, comenta doña Elena. De esa época nació la costumbre de ponerles nombres tan significativos a sus siete hijos: Ulises, Ivoshka, Ollanta, Antauro, Alexis, Katya e Ima Súmac. Su hijo mayor fue la estrella de los concursos de Pablo de Mandalengoitia cuando sólo tenía doce años. Ivoska, ganó un concurso de ballet para irse a Grecia. Katya estudió en Paris, llegando a ser uno de los primeros puestos y capitana de la selección de basket, hoy es etnobiológa del Instituto Francés de Estudios Andinos y pasa su vida entre París, Bolivia y Perú. Ima Súmac estudió intégramente en Francia y hoy es abogada, especializada en derecho Internacional.

Como en las familias aristoc´raticas de Lima de los 50, los Humala se formaron en todas las disciplinas: las mujeres en piano, quitación y ballet, además de las humanidades, y los hombres, en deporte y música, además de las ciencias. Sus padres consideran que Ollanta y Antauro son en esencia, intelectuales. Antauro tiene un libro en revisión y otro por publicar, “ellos no son simples soldados, son filósofos”, dice su madre. “Antauro y Ollanta, siendo militares, son quizá más intelectuales que sus otros hermanos”, agrega don Isaac.

“Ellos pueden inmolarse, siempre les ha gustado ayudar a otros. Si me hubieran preguntado les hubiera dicho que no, no los puedo mandar al matadero. Pero como madre no me queda otra cosa que apoyarlos”, expresa algo consternada pero orgullosa de sus hijos, la señora Elena. Junto a su esposo, abriga la esperanza de que regresen sanos y salvos, porque considera que sus hijos “están del lado de la justicia, de la verdad, contra la mentira, la corrupción. Puede ser que materialmente fracasen, pues no siempre triunfa la razón”. Los Humala han iniciado una marcha pacifica, sus padres confían en que ellos no van atacar, solo van a defenderse, quizá inspirados en Ghandi están buscando cambiar las cosas fundamentales del Perú, a través de un gesto sencillo.

El país con el que soñamos

Se siente en el ambiente, se discute en los pasillos, en las calles, la gente está cansada; todo el mundo está a la caza de alguna acción, o de algún periodista en la calle para decirle lo que piensa. Para gritar que hace falta un cambio, urgente, pronto. Peruanos.es estuvo en las calles recogiendo este clamor que es de todos.

Miguel Quispe, taxista, 37 años. Vive en La Victoria.

Renunció a un taller de mecánica hace cuatro años porque pensó que ganaría más como taxista, así que alquiló un auto “tico” e inició sus jornadas de doce horas diarias. Miguel siente que la crisis se agudizó hace dos años, “la situación se puso peor”. Ahora gana en promedio de diez a veinte soles diarios, que no cubre la manutención de su esposa y sus dos hijos. Su esposa tuvo que dejar de trabajar al nacer su segundo hijo y ahora no consigue trabajo. Sobre la situación política el señor Quispe opina que “todo está de cabeza” y que sólo se podrá pensar en una solución cuando el presidente se vaya. “Todavía no hay nada concreto, hay mucha inestabilidad”. Pero justifica la rebelión de los hermanos Humala: “Se han cometido muchos abusos, alguien tiene que protestar, los felicito por ese gesto. La mayoría de peruanos, ciudadanos comunes y corrientes qué podemos hacer, acaso podemos hablar? Ahora tengo la suerte de que me entrevisten pero, ¿quién puede decir algo públicamente?”.

Aurora Méndez, ama de casa, 52 años. Vive en San Martín de Porres.

“Si yo fuera zapatera, no vendería mis zapatos”, dice con voz airada e indignada la señora Aurora quien atribuye el motivo de la crisis a la falta de trabajo y la apertura indiscriminada de importación de productos extranjeros, los cuales no pagan suficientes aranceles en desmedro de los pequeños comerciantes que dependen de la industria nacional. “La Sunat se beneficia cobrando impuestos a todo pequeño comerciante que quiere surgir, el chino ha abierto las fronteras para que entren productos importados de China, Japón sin pagar impuestos y los comerciantes, por más pequeños que sean, tienen que pagar al gobierno. Ahora trabajamos abuelo, nietos, tío, todos para hacer una olla común y sobrevivir, no hay trabajo en nuestra patria”.

“Deben hacer una limpieza general”, dice con énfasis refiriéndose al Poder Judicial, al que considera el principal responsable de la corrupción en el país. Es pesimista sobre el futuro pues cree que habrá menos posibilidades para los jóvenes. “Me gustaría que el Perú fuera como treinta años atrás, cuando sí había trabajo”. Finalmente, dice que el daño de este gobierno no sólo es económico, sino “también intelectual y moral, empezando por el periodismo chicha que nos quiere mantener a todos en la ignorancia”.

Aurea Barrientos, 43 años, ama de casa. Vive en Villa María del Triunfo.

“Todo está caro y no hay trabajo”. Aurea llegó hace medio año para acompañar a sus hijos, como tantos migrantes del campo a la ciudad dejó su chacra en las serranías de Moquegua para venir a Lima. Ella prefiere la situación que vivía en su pueblo, donde se trabaja “de la chacra a la olla”. Considera que en Lima la situación es muy difícil, “sólo el que tiene poder, puede comer o tener un trabajo, y el que no accede al poder, no come. Si te da una enfermedad el hospital está caro, las medicinas, la atención, todo está caro. Todo lo ha privatizado el gobierno, nos ha dejado sin nada, y encima la corrupción, esta situación afecta sobre todo a los pobres”.

Paula, (22), estudiante de Turismo y Hotelería. San Juan de Lurigancho.

“No consigo trabajo”, expresa Paula respondiendo a cómo le afecta la situación política. Ella estudia turismo y hotelería en la Universidad San Martín de Porres y la falta de inversión extranjera en el turismo le afecta en el plano laboral. A ella le parece que es urgente una mayor educación en los diferentes estratos económicos pues así habría mayores posibilidades para los jóvenes. “Las pensiones en los colegios y las universidades son muy elevadas, tengo varios compañeros que se han retirado de la universidad por falta de dinero”. Paula recuerda que es un derecho el que todos tengan la posibilidad de estudiar y ser profesionales. “Con educación no solo podríamos tener más profesionales sino que la gente no se dejaría llevar por los regalos a cambio de un voto, las mujeres no serían manipuladas por los políticos, con educación todos los peruanos tendríamos un mejor criterio para elegir a nuestros gobernantes y evitar llegar a donde hemos llegado”.

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